HOJEANDO CHARLIE HEBDO

Compré Charlie Hebdo ayer, lo editan todos los miércoles. Pero esta vez tenía curiosidad de ver cuál era su contenido a un año de la masacre en su sede en París. Un golpe para toda la sociedad francesa y el mundo.

Efectivamente, tengo en mis manos el Número especial 1224, valor 3 euros, 32 páginas, se tiró a 1 millón de ejemplares. En la portada encontramos una caricatura de Riss, en gran título dice: “El asesino siempre corre” o anda por ahí. La imagen de Dios corriendo con un arma y manchas de sangre en la ropa. Riss es Laurent Sourisseau, herido durante los ataque del 7 de enero 2015. Redactó el editorial, que resume la vida del Charlie Hebdo, las veces que estuvo a punto de desaparecer por problemas financieros y la marginalización a la cual fueron sometidos por el periodismo tradicional. Reafirmó el principio de laicidad y narró brevemente el ataque donde casi pierde la vida.

Esta edición es extensa en páginas y caricaturas. Hay dibujos de los caricaturistas que fueron asesinados y de otros autores. También hay artículos cortos, en su mayoría de gente conocida por la sociedad francesa, como actores de cine, cantantes, intelectuales colaboradores del diario y otros simpatizantes. Opinan sobre temas coyunturales de Francia y el mundo.

No soy lectora asidua de este diario, como la mayoría en este país, pero lo he comprado tres veces luego de los atentados del 7 de enero. Siguen la misma línea, siguen siendo un periódico irreverente ante cualquier creencia o autoridad. y esto es lo que hiere a mucha gente al considerar el contenido de Charlie como una falta de respeto a sus creencias o ideas.

Personalmente hay caricaturas que me dan risa y otras no. Y si hay contenido diferente a lo que yo creo, me vale un pito; no solo los contenidos de Charlie, sino los de otros que sean diferentes a mis principios. Estoy segura de lo que creo y cómo decía mi hijita de 15 añitos: ¿Quién ha dicho que Jesús es un dibujo?

Seamos libres de creer o no creer, solamente hagamos siempre el bien.

Camiseta con la imagen del Che

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Camiseta del Che Guevara en la tienda de una gasolinera ubicada en la autopista que va de Poitiers a Niort.

Por Mariangeles Estrada

Una de las imágenes más usadas es la del Che Guevara. No voy lejos, aquí en Francia la he visto montones de veces. Una vez pintada en camisetas de todos los colores en una gasolinera-market ubicada en la autopista que va de Poitiers a Niort. Entre revistas, sándwich, chicles y gaseosas estaban las camisetas del Che. Tomé foto esa vez, otras veces no he andado la cámara.

Otra vez en una feria de primavera en Indre Loire, habían billeteras y mochilas. Para rematar en las boutiques que están alrededor del Centro George Pompidu en París hay fotos postales en blanco y negro, fotos con efectos de color informatizados o mosaicos con la bandera cubana cruzada. También hay pósteres y litografía.

Lo representativo es la imagen capturada por el fotógrafo Alberto Díaz Korda (1928-2001). La instantánea de un Che Guevara de 31 años que inmortalizó el 5.3.1960. Mirada fija al horizonte, boina con la estrella comunista, original titulado “Guerrillero heroico”. Una de las fotografía más reproducidas en el mundo. Fue subastada en Viena por 9600 dólares en la galería fotográfica Westlicht. Korda nunca cobró derechos por esa imagen, llegó a asegurar que si le hubieran dado un céntimo por cada copia reproducida hubiera sido millonario.

Usan la imagen del Che por diversos motivos. Los que piensan que está bien utilizar al Che casi marca. Pues en estos tiempos estamos frente a una juventud que nació en la comodidad. Vienen a sociedades que ya tienen sus héroes, sus mártires, sus santos y sus villanos. Las etiquetas ya están todas designadas. Y les hace falta identificarse con algo. El Che les da esa imagen de la juventud rebelde y aventurera que busca la justicia por encima de cualquier régimen o circunstancia.

Están otros, que se dicen de izquierda y se quieren comprar buena consciencia con una camiseta. Son de izquierda pero ricachones con carrazos y propiedades. Y hasta ahora lo que se sabe del Che es que fue alguien desapegado del poder y del dinero. No sé si hubiese aplaudido el apego al poder de los líderes de las monarquías comunistas de Cuba, Nicaragua y Corea del Norte. No creo que se hubiese tomado fotos con un reloj Rolex en las revistas de publicidad. Me lo imagino como Pepe Mojica, con sus centavos guardados y con una proyección más moral dado que su pueblo vive limitaciones.

Toda esa gente que usa la imagen del Che para darse buena consciencia es lo mismo que el viejo chismoso de la pulpería del barrio que tiene una imagen de La Purísima Concepción de María en la repisa de la sala. Dar la imagen del vegano despeinado flaco original con comida frita sabor a carne, del intelectual anteojudo con los libros bajo el brazo que reproduce ideas ajenas nunca propias, del ecologista peludo vibra ligera con la imagen del Buda en la panza, los animales salvajes en la espalda y no sabe selccionar la basura. Los pacifistas con el eslogan “Amor y paz” gorro rayado de colores y el tatuaje, y están a favor de matar en nombre de la paz. Circo de apariencias. Cuando lo que hay es una banda de recalcitrantes que ven el mundo desde su óptica camuflada de aparentes tolerancias.

Ponerse una camisa del Che para proyectar la imagen del místico, del que tiene principios, del idealista incomprendido, de la encarnación del Quijote del siglo, del creyente en utopías, del sensible al fin. No sé si esto produce, en el cuerpo y en la mente, el mismo efecto que andar una marca. La gente esclava de marcas sienten que son pudientes. Creen que consiguieron estatus social y nivel económico.

Etiquetas que aburren y que engañan. Ya no hay que creer en esas proyecciones. Nada de imágenes que hagan creer que tenemos principios o ideales. Nada que proyecte esto, aquello o lo otro. Libertad.

Para comprarse una buena consciencia sobran motivos y mercancías porque para el comercio no hay ideología ni religión. La locura de ver a los izquierdistas comprando a los capitalistas las camisetas de su héroe. En la misma canasta empalman las camisetas del Che, Marilyn Monroe, John Lennon, Buda, Juan Pablo II y Madre Teresa de Calcuta. Cada cual se engaña solo o sola, aunque hay sus grupitos de engañadxs. De todas formas los reales están en sus billeteras y carteras. Tenemos la última palabra. Ese día compré gasolina, un descafeinado, una botella de agua. Seguimos la ruta.

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