Chocolates de Nicaragua en Francia.

Encontrar un producto hecho en Nicaragua es rarísimo. Los rubros importantes de exportación conocidos, están ausentes del mercado cotidiano en Francia. Están por ahí, pero no a la vista del gran consumidor.Numériser 1

Sin embargo, ya van dos veces que me encuentro con chocolates de Nicaragua. La primera vez en una Epicerie fine, donde te hacen paquetes de productos selectos. Ahí estaban unos rectángulos pequeños 70% de cacao. El empaque de papel decía CHAPON. Chocolat Noir. Nicaragua.Numériser 2

Hace quince días, en una tienda de productos ecológicos  o bio, encontré otros chocolates de Nicaragua, en el último reglón de un estante, junto con otros chocolates de América Latina, Peru, Haiti, etc.

El empaque llamativo decía terra ética, Chocolat NOIR 75% Nicaragua, grano cru, Waslala. Encontré información al respecto y tiene su origen en una cooperativa de trescientos cincuenta productores de cacao. Los únicos del país en tener el sello de producto biológico o ecològico y de comercio justo. (Ver enlace Chocolate negro 75 bio y équitable).

Todavía los tengo ahí, no me los he comido. Ya no soy tan adicta al chocolate como antes que perdía mi voluntad si llegaba a mis manos uno cremoso y crocante. Nooo ya alcancé la madures de la glotonería chocolatera, y consumo raras veces. Prefiero el chocolate negro con 80% a 95% de cacao, de esos amargos. Los de 70% o 75% son muy azucarados.

Me agradó encontrar estos chocolates. Sin buscarlos, estaban ahí. Fue como encontrar alguien conocido que hace tiempo no ves. Viejos vecinos, cosas que contar. Al comerlos el olor y el sabor en cada mordisco me hizo viajar a Waslala, municipio del Atlántico Norte, que no he tenido el gusto de conocer. Pero me anduve paseando con confianza por el pueblo, en mi imaginación, luego de explorar las imágenes que salen en Google. Saboreé con fervor cada bocado. Esta vez no viaje a Nicaragua atravesando el cielo azul del océano Atlántico, pero sí, entre por mi boca y atravesé el cielo, duro y blando, de mi paladar,

 

Ver también:

Mi intacto acento nica.

Feliz Año Nuevo 2019 les desea Blog de Angeles.

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Por Mariangeles Estrada

Termina 2018. Año bueno para mi pequeño mundo. Ese espacio personal donde me desenvuelvo en la cotidianidad. Aparentemente donde no dejo huella, ni influyo directamente en los grandes acontecimientos de la historia.

Sin embargo, mi pequeño mundo no deja de ser complejo. Hay cosas que no puedo cambiar y hay otras que fácilmente modifico a mi gusto. Tuve buenas ideas, me llené de momentos buenos. No solo los momentos fueron buenos sino que también me sentí más consciente para disfrutarlos plenamente.  Esto le dio intensidad a mis días y noches. Cortos y placentero. Y me sigo preguntando torpemente por qué el dolor siempre lo sentimos eterno. Al final todo pasa, al final todo cambia, como dice la canción que canta Mercedes Sosa.

Solo la velocidad con la que pasó el tiempo me hace tomar consciencia de lo bien que me fue. 

La piedra en el zapato fueron los acontecimientos en Nicaragua desde el 19 de abril. Muerte, violencia, vandalismo, migración forzada, etc. Destrozar la economía. Llegar a cero turista. Si en mi pequeño mundo, a veces me siento impotente y frustrada, como me sentiré en este gran mundo. Al otro lado del charco, cerca de mi corazón, lejos de   mi espacio físico. Blog de Angeles quedó sin inspiración. Aceptar. Seguir. Esperar tiempos mejores. No podemos cambiar la piezas del ajedrez. La apertura inicial comenzó mal tal vez, no sé, seguro. Me imagino que lanzo las piezas al suelo: vuelvo empezar la partida, me calma.

Abrí el frasco de la felicidad 2018 y el último papelito que metí fue cuando mi hija volvió una tarde de la Universidad y me compró castañas asadas. uhmm me convertí en una niña consentida, feliz con el cartucho lleno y tibio aún. Sigo abriendo papelitos doblados del frasco. Solo los mejores momentos del 2018.

Leí el papelito con las flores de  Christine. Una señora amiga que me regaló un ramo, y al cambiarlas de maceta se multiplicaron y florecieron todos los chotes sin excepción.  Se abrieron coloridas, rojas, preciosas. Los momentos que más me gustaron son las giras espontáneas desconocidas que resultaron divertidas. Como la vez que Patrick y yo entramos a un restaurante recién inaugurado, y nos pareció fabulosa la decoración, probamos  un sinfín de platillos exquisitos, dulces y salados. En verano alquilamos una casita de campo. Un ensueño de silencio, calma y frescura. Pajaritos cantando mientras se sumerge el cuerpo desnudo en las burbujas del jacuzzi.         

Quisiera poner más momentos que sumaron un todo de felicidad en 2018; pero lo dejo aquí ya,  luego nunca termino. Solo les quería dar testimonio de mis vivencias en este ir y venir 2018, de dar y recibir, de amar. 

Feliz año 2019. Todo lo mejor nos espera con los brazos abiertos, preparémonos para recibirlo con energía y vitalidad. La felicidad es una decisión, vamos por ella.

Mi luz, mi afecto. 

Mariangeles

 

Ver también:

El frasco de la felicidad

El frasco de la felicidad

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He intentado recordar dónde leí que deberíamos de guardar los mejores momentos vividos durante el año, tal vez en algún artículo de internet. No lo recuerdo. Se trata de copiar en un papelito el buen momento vivido. luego se dobla y guarda en una caja o frasco con tapa, personalmente escogí un frasco de metal donde guardaba hojas de té. No anoté la fecha, ni el mes, eso es opcional.

Finalizó el 2017, y tenía un montón de papelitos con momentos buenos. Los leí el 2 de enero del 2018. Me transporté cada vez a ese agradable momento, que posiblemente hubiese fosilizado en un rincón de mi memoria. Sin querrer ya he olvidado en mi vida tantas cosas buenas en el momento que ocurrieron, y mi percepción no logró detectarlas, ni valorarlas a su justa medida.

¿Y los malos momentos que he vivido? No he necesitado anotarlos, simplemente se me han pegado en la mente como un tatuaje. No sé por qué resulta tan fácil recordar lo malo y lo bueno desaparece fácil en la curva del olvido, sin huella ni interés. Pareciera que tenemos una naturaleza torturada que solo recuerda lo peor. Incluso tenemos dificultades a rememorar nuestros propios logros. Que complicado el ser humano.

Pero… ¿Por qué recordamos mejor los malos momentos? El miedo y el enfado son los mimados de la memoria pesimista. Leía que ya han identificado el mecanismo. Se trata de la hormona noradrenalina, popularmente conocida como hormona de “lucha o huida”, que se libera en las glándulas adrenales cuando estamos sometidos a una fuerte tensión emocional. En el cerebro, dicen los investigadores, esta hormona actúa sobre un receptor, aumentando la sensibilidad química de las neuronas y la fortaleza de sus conexiones. De esta forma el recuerdo se graba “a fuego”. No entiendo por qué este neurotransmisor le gana la partida a la dopamina (motivación) y la serotonina (bienestar).  Debe ser que estas dos se encarga de tantas cosas que no dan a basto (apetito, líbido, sociabilidad, estado de ánimo, movimiento intestinal, paciencia, etc); o de plano, se nos desequilibran los neurotransmisores por no consumir alimentos ricos en triptófano (lentejas, almendras, frijoles blancos, etc), el aminoacido precursor de serotonina, y reforzar la alegría.

Para mí, lo anterior solo confirma que los buenos momentos son la regla, y por eso, los banalizamos. La felicidad no es  un proyecto, es un estado permanente de paz donde hay subes y bajas; y en las bajas tenemos la posibilidad de encontrar alguna solución. Que no la vemos por concentrarnos en cosas negativas, ahí ya son otros 100 pesos. Pasan por mi memoria tres ocasiones del 2017 que me marcaron. La primera fue enero, asistí a un espectáculo de teatro gestual. Me pasé riendo como por una hora sin parar, fue excepcional hasta me dolían los múculos de la cara. La segunda fue en julio, viajé a Nicaragua y disfruté mucho paseando y compartiendo con mi familia. Una tercera, fue la visita de mi amiga Anne que vive al oeste de Francia, me dio tanto gusto verla y abrazarla. Bueno… hay otros más pero solo menciono los que se me vienen rápidamente a la memoria.

Prueben llenar el frasco de la felicidad. A mí, me sirvió para vivir un poco más consciente el 2017 y anclarme más en lo bueno que hay en mi vida. Pienso continuar con esta nueva costumbre en 2018, todavía no sé si cambiar el frasco. A lo mejor compré una cajita más chic, veré. Por el momento uso el mismo y ya le echado los primeros papelitos 2018. Esto es, solamente una forma de no olvidar que la felicidad es un estado permanente y que a pesar de que hay malos ratos, podemos salir más fuerte para disfrutar y eternizar nuestros estados de contento.

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Ver también:

El mirador donde no se miraba nada.

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HOROSCOPOS Y PRONOSTICOS

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Por Mariangeles Estrada

Nunca he creído en los horóscopos. Siempre me han salido por los aguacates. Para comenzar, hace algunos años, una señora amiga con todo el cariño propuso informarme sobre mi signo ascendente y descendente. Preguntó la hora y la fecha de mi nacimiento, para saber la ubicación de los astros en el cielo, en ese momento. Todos esos datos creo que los iba a consultar con sus amigas de un club de astrología. Y francamente, sus conclusiones nada tenían que ver con los rasgos principales de mi personalidad; y para no contradecirla la escuché con atención.

Pero la discordancia no solo se ajustaba a los rasgos de mi personalidad, sino también con respecto a un grupo de signos con los cuales debía de ser compatible. Una vez más, andaban lejos, pues me llevaba bien con un montón de gente con signos incompatibles al mío. No consulto el horóscopo, pues siempre describe que me lloverán cantidades de problemas y simplemente me va de maravilla e inversamente.

En nuestras sociedades el poder del horóscopo es tal, que traspasa religiones, formaciones profesionales y cualquier agenda personal o laboral. He visto gente que reza la novena de la Sangre de Cristo, la de San Judas Tadeo y la del Divino Niño; y por si a caso, se dan hacer una carta astral. Además quién sabe cuántas cosas más. Para ellas, las creencias religiosas no son contrarias con la práctica de la cartomancia, más bien ésto las asegura y las reasegura. Aunque al final, en el horóscopo creen religiosos e irreligiosos, muchos de éstos últimos salen con el cuento que consultan por si acaso o por fregar. Dale pues. Pero aquí no hay medias tintas, o están en eso o no están.

Sorprende como interrumpen bruscamente cualquier actividad (conversaciones, lecturas, reuniones, etcétera) con tal de informarse sobre los pronósticos astrales que salen en la radio o en algún programa de tv. En un reportaje, decían que el ex-presidente francés François Mitrerrand programaba y reprogramaba sus reuniones de trabajo conforme a su carta astral. La gente invierte parte de su presupuesto comprando revistas o libros con el pronóstico astral de cada día, semana o mes del año. En salas de espera corren a buscar la parte de las revistas que contiene el horóscopo, el que sea, chino, maya, astral. Existen sicólogos que complementan su conocimiento de las psiquis con los astros, faltaba menos.

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Leí un artículo el año pasado –“Año del Dragón”(2013)- que describía como los hospitales y comadronas en China se preparaban bien para la alzas de natalidad, dado que muchísimas parejas chinas habían planificado tener hijos al considerar el año del Dragón como venturoso.

En el horóscopo chino me salió el cerdo… the pig, le cochon.  No sé que hice para merecer al marrano. Hubiese preferido escoger el animal. He escuchado decir que hay dragón o caballo, ve que bonito. Aunque ignoro por completo las características del cerdo, una conocida asiática me dijo que eran ‘buena onda’. Los franceses tienen un dicho: “Dans le cochon, tout est bon”, osea, “En el cerdo todo es bueno” o  “En el cerdo todo es rico”. Todo se come, menos la cola. No sé pues, pero está bonito ese cuento.

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@Estradangeles