Mi intacto acento nica

Banderitas

Por Mariangeles Estrada

Siempre que hablo con mis amistades nicas, uno en California y otra amiga en España, me dicen que tengo intacto el acento nica. Pero… ¿quién me habla aquí español con acento nica? Nadie. Si todos me hablan francés, hasta mi hija. Y bueno… es lógico que mi amigo en California se ha visto influenciado por el acento mexicano de la zona; y mi amiga en España esta más españolizada que nunca después de vivir tantos años en la península ibérica. Lo que veo normal.

El acento es una melodía que suena, suena y suena todo el santo día y es imposible de quitar. Es como no poder sintonizar otra emisora en la radio o no poder cambiar de canal televisivo. Se añade el hecho de tener que decir palabras del lugar porque si no nadie te entiende. De tanto sustituir palabra por palabra, aún contra mi voluntad, termino arrastrada por la corriente cultural del habla del lugar.

Recuerdo que cuando estuve en Costa Rica, escuchando ticadas todo el santo día, durante 2 años, se me pegaron montones de palabras y se me balanciaba el acento cuando hablaba por teléfono con mi familia, incluso cuando llegaba a Managua. Ni cuenta me daba de eso, pero se me metió fuerte el acento. Mi mamá y mi hermano me lo hacían notar y yo me negaba al instante y estaba convencida que no tenía el acento tico. Pero lo tenía e incluso ahora que reviso mi repertorio tengo palabras ticas que adopte definitivamente porque me parecieron graciosas y oportunas. Sentí que me iban. Tenía una amiga tica que de tanto hablar conmigo se le pegaron mis dejes nica y yo ya estaba cantando como ella, todo sin proponérnoslo.

Aunque aquí en Francia tengo una amiga mexicana y otra venezolana con quienes platico de vez en cuando. Tampoco estoy tan pegada a ellas para adoptar sus acentos. Hablo español con mi acento nica a fondo, no hay otra música que altere el ritmo de mi nicanorada, así de sencillo. Las expresiones quedan intactas: idiay, no es jugando, ta salvaje, dale pues.

A mi hija le hablé español desde que nació. Ella habló solo español hasta sus 3 1/2 años, luego se escolarizó y la lengua dominante, de su papa y del colegio, ha hecho que solo me hablé en francés. Excepto cuando me quiere sacar un “sí”, me empieza hablar en español la bandidita, y sí, me enternezco y me dejo enrollar, con mucho gusto, ante: mi mamita linda o te quiero con todo mi corazón, etc.

Ser bilingüe a mi hija le ha permitido comunicarse siempre con mi familia y las veces que ha viajado a Nicaragua ni se acuerda que habla francés. Lo último fue que este año en su secundaria le pidieron escoger una segunda lengua además del inglés, y ella tomó el español. La primera vez que habló en clases de español oral, la profesora le dijo: Marie hablas con un acento. A lo contesto: Hablo español de Nicaragua. Mi vocabulario y me acento es de Nicaragua.

No sé si será la única francesa que habla español de Nicaragua pero es así. Actualmente le causa mucha risa los otros acentos latinos, le parecen chistoso. Y lo importante es que lo asimila con tolerancia y trata a cualquier costo de entenderlos.

Estoy en Francia, sí. Pero con acento nica, bien nica, desde siempre y parece ser que hasta siempre.

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