Sin nombre ni gloria – Francisco Alvarenga

foto sin nombre ni gloria

Por Mariangeles Estrada

Tuve el gusto de leer el libro “Sin nombre ni gloria”. Novela corta que trata sobre la vida de Roger Narvaez, 15 años, estudiante, originario de Diriamba, Carazo. Inquieto, soñador, lector. Nacido en una familia humilde. Rodeado afectivamente por su madre, abuelos y hermanos, hay ausencia de la figura paterna. Se convierte en recluta del servicio militar en el Batallón Rufo Marín.

La novela se percibe tranquila inicialmente, digamos el primer capítulo, para luego despeinar y sumergirnos sin piedad en las profundidades de la montaña del norte de Nicaragua. Embrujada por el conflicto bélico de los 80. Cruel, descarnada, quizás macabra. Una pérdida de identidad, sueños frustrados, y la obsesión de no perder la esperanza y preservar la vida aunque sea solo en recuerdos.

Le da relevancia basarse en hechos reales que vivió el autor, quien perdió a su hermano mayor en el servicio militar y su cadaver fue desaparecido. Sin embargo, esta experiencia no aparece como simple testimonio sino como una referencia suprema para alternar ficción y realidad, hasta fusionar ambas en un momento dado, imperceptible y enrollar ritmicamente la historia. Es ahí donde adquiere su furor narrativo, visual, casi cinematográfica.

“Sin nombre ni gloria” tiene méritos irrefutables. Por un lado, no hay mucha literatura sobre la guerra en Nicaragua. Raro porque en su historia han proliferado los conflictos armados: guerras civiles, guerras insurrectas, guerras de invasión. Otro punto, es que prácticamos la cultura del silencio y vivimos las secuelas de la guerra sin saberlo (ver Cabrera M). Cargamos una mochila pesada y la historia la llevamos atorada en la garganta. Se confirma con la actitud de las nuevas generaciones de sentirse ajenos a una guerra que viene de pasar hace solo 35 años. Cuando todavía países europeos como Francia, siguen tratando de recolectar datos para que no se escapen detalles de lo sucedido hace 77 años, en la segunda guerra mundial. Pidiéndole a los alumnos en los colegios, cartas,  memorias, diaríos, objetos, de sus bisabuelos o tatarabuelos para reconstruir historias y completar datos.

Por eso, aunque se las recomiendo a todos, hago énfacis en los jóvenes que nacieron de 1975 en adelante. Para quienes la guerra de esa época es hoy solo una referencia en el tiempo o un recuerdo lejano de sus padres y abuelos. Creo que van a constatar lo que han escuchado como cuentos entrecortados o han percibido como silencios instalados. A mí, el tema de la novela me llamó la atención, porque fue durante los 80’s que desarrollé mi vida consciente. Me preguntaba por qué la guerra, el sufrimiento y la escasez. La novela me ofreció un recorrido necesario por esos años, dándome detalles que había olvidado y que tenía dormidos en mi memoria.

Ojalá sea un escrito que motive y se precipiten otros similares. Y que la verdadera historia de Nicaragua se edifique a partir de verdaderos testimonios o ficciones con un fondo de realismo incuestionable.

El autor es Francisco Alvarenga Lacayo, nicaragüense, residente en Holanda, Países Bajos. Escribió la novela “Sin nombre ni gloria” en base a su experiecia familiar de esos años y en entrevistas que realizó a miembros de la contra y desmovilizados del servicio militar, durante 18 años en la búsquedad del cuerpo de su hermano. Alvarenga es también autor de otros títulos como “Recuerdos de un Adios” y “El Manuscrito del Coronel” traducido al holandés

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¿Dónde podemos adquirirlo?

 

 23 de abril, Feliz Día Internacional del Libro

HOJEANDO CHARLIE HEBDO

Compré Charlie Hebdo ayer, lo editan todos los miércoles. Pero esta vez tenía curiosidad de ver cuál era su contenido a un año de la masacre en su sede en París. Un golpe para toda la sociedad francesa y el mundo.

Efectivamente, tengo en mis manos el Número especial 1224, valor 3 euros, 32 páginas, se tiró a 1 millón de ejemplares. En la portada encontramos una caricatura de Riss, en gran título dice: “El asesino siempre corre” o anda por ahí. La imagen de Dios corriendo con un arma y manchas de sangre en la ropa. Riss es Laurent Sourisseau, herido durante los ataque del 7 de enero 2015. Redactó el editorial, que resume la vida del Charlie Hebdo, las veces que estuvo a punto de desaparecer por problemas financieros y la marginalización a la cual fueron sometidos por el periodismo tradicional. Reafirmó el principio de laicidad y narró brevemente el ataque donde casi pierde la vida.

Esta edición es extensa en páginas y caricaturas. Hay dibujos de los caricaturistas que fueron asesinados y de otros autores. También hay artículos cortos, en su mayoría de gente conocida por la sociedad francesa, como actores de cine, cantantes, intelectuales colaboradores del diario y otros simpatizantes. Opinan sobre temas coyunturales de Francia y el mundo.

No soy lectora asidua de este diario, como la mayoría en este país, pero lo he comprado tres veces luego de los atentados del 7 de enero. Siguen la misma línea, siguen siendo un periódico irreverente ante cualquier creencia o autoridad. y esto es lo que hiere a mucha gente al considerar el contenido de Charlie como una falta de respeto a sus creencias o ideas.

Personalmente hay caricaturas que me dan risa y otras no. Y si hay contenido diferente a lo que yo creo, me vale un pito; no solo los contenidos de Charlie, sino los de otros que sean diferentes a mis principios. Estoy segura de lo que creo y cómo decía mi hijita de 15 añitos: ¿Quién ha dicho que Jesús es un dibujo?

Seamos libres de creer o no creer, solamente hagamos siempre el bien.

Camiseta con la imagen del Che

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Camiseta del Che Guevara en la tienda de una gasolinera ubicada en la autopista que va de Poitiers a Niort.

Por Mariangeles Estrada

Una de las imágenes más usadas es la del Che Guevara. No voy lejos, aquí en Francia la he visto montones de veces. Una vez pintada en camisetas de todos los colores en una gasolinera-market ubicada en la autopista que va de Poitiers a Niort. Entre revistas, sándwich, chicles y gaseosas estaban las camisetas del Che. Tomé foto esa vez, otras veces no he andado la cámara.

Otra vez en una feria de primavera en Indre Loire, habían billeteras y mochilas. Para rematar en las boutiques que están alrededor del Centro George Pompidu en París hay fotos postales en blanco y negro, fotos con efectos de color informatizados o mosaicos con la bandera cubana cruzada. También hay pósteres y litografía.

Lo representativo es la imagen capturada por el fotógrafo Alberto Díaz Korda (1928-2001). La instantánea de un Che Guevara de 31 años que inmortalizó el 5.3.1960. Mirada fija al horizonte, boina con la estrella comunista, original titulado “Guerrillero heroico”. Una de las fotografía más reproducidas en el mundo. Fue subastada en Viena por 9600 dólares en la galería fotográfica Westlicht. Korda nunca cobró derechos por esa imagen, llegó a asegurar que si le hubieran dado un céntimo por cada copia reproducida hubiera sido millonario.

Usan la imagen del Che por diversos motivos. Los que piensan que está bien utilizar al Che casi marca. Pues en estos tiempos estamos frente a una juventud que nació en la comodidad. Vienen a sociedades que ya tienen sus héroes, sus mártires, sus santos y sus villanos. Las etiquetas ya están todas designadas. Y les hace falta identificarse con algo. El Che les da esa imagen de la juventud rebelde y aventurera que busca la justicia por encima de cualquier régimen o circunstancia.

Están otros, que se dicen de izquierda y se quieren comprar buena consciencia con una camiseta. Son de izquierda pero ricachones con carrazos y propiedades. Y hasta ahora lo que se sabe del Che es que fue alguien desapegado del poder y del dinero. No sé si hubiese aplaudido el apego al poder de los líderes de las monarquías comunistas de Cuba, Nicaragua y Corea del Norte. No creo que se hubiese tomado fotos con un reloj Rolex en las revistas de publicidad. Me lo imagino como Pepe Mojica, con sus centavos guardados y con una proyección más moral dado que su pueblo vive limitaciones.

Toda esa gente que usa la imagen del Che para darse buena consciencia es lo mismo que el viejo chismoso de la pulpería del barrio que tiene una imagen de La Purísima Concepción de María en la repisa de la sala. Dar la imagen del vegano despeinado flaco original con comida frita sabor a carne, del intelectual anteojudo con los libros bajo el brazo que reproduce ideas ajenas nunca propias, del ecologista peludo vibra ligera con la imagen del Buda en la panza, los animales salvajes en la espalda y no sabe selccionar la basura. Los pacifistas con el eslogan “Amor y paz” gorro rayado de colores y el tatuaje, y están a favor de matar en nombre de la paz. Circo de apariencias. Cuando lo que hay es una banda de recalcitrantes que ven el mundo desde su óptica camuflada de aparentes tolerancias.

Ponerse una camisa del Che para proyectar la imagen del místico, del que tiene principios, del idealista incomprendido, de la encarnación del Quijote del siglo, del creyente en utopías, del sensible al fin. No sé si esto produce, en el cuerpo y en la mente, el mismo efecto que andar una marca. La gente esclava de marcas sienten que son pudientes. Creen que consiguieron estatus social y nivel económico.

Etiquetas que aburren y que engañan. Ya no hay que creer en esas proyecciones. Nada de imágenes que hagan creer que tenemos principios o ideales. Nada que proyecte esto, aquello o lo otro. Libertad.

Para comprarse una buena consciencia sobran motivos y mercancías porque para el comercio no hay ideología ni religión. La locura de ver a los izquierdistas comprando a los capitalistas las camisetas de su héroe. En la misma canasta empalman las camisetas del Che, Marilyn Monroe, John Lennon, Buda, Juan Pablo II y Madre Teresa de Calcuta. Cada cual se engaña solo o sola, aunque hay sus grupitos de engañadxs. De todas formas los reales están en sus billeteras y carteras. Tenemos la última palabra. Ese día compré gasolina, un descafeinado, una botella de agua. Seguimos la ruta.

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Lo que no me gustó después del 19

No sé que sentir cuando viene el 19 de julio. Ya no sé. La euforia de los 80’s se evaporó. Se la llevó el viento en torbellinos de confusión. Todo aquel enredo de “patria o muerte” o “patria libre o morir” nunca le encontré sentido a pesar que todo mundo se arrecostaba  – aparentemente consciente – en aquellos preceptos. Todo lo que hacía referencia a la “muerte” me parecía ilógico. Lo que no me gustó después del 19 de julio de 1979 fue la guerra de agresión impuesta por los Estados Unidos y la consiguiente imposición del Servicio Militar Patriótico (SMP) por el gobierno sandinista.

Y creo que el equívoco más grande fue dejar que el SMP fuera obligatorio. Tenía que haber sido voluntario. No obligar a nadie – por ley – a ir a una guerra y morir.

Las muertes de tantos jóvenes durante esos años, por muy héroes y mártires, que los quieran bautizar, no valía la pena. No valía la pena morir por ideales que no habían adoptado. Es cierto que muchos se fueron voluntarios, pero no me digan ahora que fue la mayoría porque eso no es verdad. Ser desmovilizado era una cualidad personal. Fui testigo de cómo las familias olvidaban al instante su consciencia revolucionaria cuando recibían la primera cédula de reclutamiento del SMP.

Se desarticuló la célula de la sociedad: la familia. Se ausentaron los que cayeron en combate y los que se fueron huyendo fuera de Nicaragua. No olvidar los eternos desertores que andaban de ciudad en ciudad escondiéndose de los jeep y caminones militares, haciendo caso omiso al reclutamiento. Más los mentirosos que se decían “pie plano” o los supuestamente enfermos que tenían conecte con un doctor y los excluían con falsas constancias médicas. No olvidemos los que tenían conectes con los jefes militares del ejército, quienes sin mayor escrúpulo, supuestamente con la discreción del caso, ubicaban a su protegido en alguna base militar capitalina lejos del vergueo fronterizo con Honduras o Costa Rica.

Tal vez estoy hablando en chino mandarín para los que nacieron en los años 80’s y 90’s o los que todavía eran niños a penas conscientes e ignoran la escases y la persecución militar. Aunque también hay jóvenes abanderados por referencias revolucionarias pasadas (tiempos de guerra fría y vigencia del bloque soviético). Sin validez, porque el actual gobierno sandinista firma tratados de libre comercio y solamente sustituyó el rojinegro por el rosado pastel. Antes era irreligioso y revolucionario, ahora es cristiano revolucionario. Cambiaron los ingredientes de la sopa.

Puedo olvidarme de todo, menos del SMP. Fue uno de los errores históricos más grandes que se ha cometido. Y de eso sobran historias que contar. Si por casualidad tenes un hijo varón menor que juega y canta. ¡Qué suerte!

La vida es el don más preciado del ser humano y nadie tiene derecho a  arrebatárnosla.