Necesitaba el mundial de fútbol 2018.

No me interesa el fútbol a excepción del Mundial cada cuatro años. Conste que comienza a interesarme en los cuartos de final. No veo los partidos pero estoy al tanto. Si en la Semifinal hay países latinoamericanos me interesa más y puede que vea algún partido.

Esta vez, estuve más atenta que de costumbre, seguí de cerca la selección francesa. No solo porque Francia es el país donde vivo; sino porque necesitaba desconectarme de las malas noticas que venían de mi país de origen: mi adorada Nicaragüa.

El Mundial fue un espacio de escape perfecto. Sobretodo los partidos: Francia-Argentina y Francia-Uruguay. Tuvé el corazón dividido entre dos equipos, dos continentes. En un mismo partido, a veces me iba con uno, y a veces me iba con otro. Divertido al final.

Todo eso me mantuvo distraída de las mala noticias que venían de Nicaragua desde el 19 de abril. Un país desgarrado por la violencia, el irrespeto a los derechos humanos y la profunda crisis política. Ver mi país de origen viviendo durante tres meses una situación caótica, que se sale de las manos de todo el mundo. En un momento que nos estabamos ubicando bien internacionalmente desde un punto de vista turístico. Ya eramos un destino inconturnable a visitar, tanta belleza natural y en un santiamén, rebotamos en el desprestigio con los casi 350 muertos registrados. El montón de videos que se tomaron, de la corrupción policial, de las agresiones, de los francotiradores, de la iglesia católica en las calles rezando, cantando y orando, de los encapuchados de ambos bandos – por qué esconderse -, de la gente que protesta espontánea en las calles de la capital y los departamentos, de los golpeados y humillados por la policía, de las lágrimas de las madres y familiares de los caídos.

https://noticias.canalrcn.com/internacional-america/nicaragua-simpatizantes-ortega-irrumpen-iglesia-y-agreden-obispos

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Todas esas imágenes de violencia coridiana, de temor, de división, de tristeza me las tregué. Fue algo inevitable en mi diario vivir. Me quitaron la inspiración y el entuciasmo de saber de mi país. Es como escuchar a tus padres discutir y estás en la pieza del lado llorando impotente. Así sentí todo este tiempo. Hasta que llego el Mundial de fútbol.

Me embriagué de imágenes de emoción positiva. Ver la selección francesa jugar unida como no lo había hecho en los últimos tiempos. Su sólides sicológica ante la momentánea pérdida del balón o de goles anotados. Seguir serenos y no perder la esperanza. Observé el fútbol como lo hacen los aficionados de verdad, comparan un partido a las aleas de la vida real. Le dan esa emoción ante el factor sopresa de fracaso o victoria.

Francia ganó el Mundial 2018 de fútbol, enhorabuna para mi salud mental. La noticias e imágenes de Nicaragua me tenían en el piso moral. Las noticias del posible triunfo francés en el Mundial me alegraba, y ver el triunfo me encantó .

Observé solo imágenes de alegría. Lágrimas de felicidad de gente de todas las edades y condiciónes sociales. Ver el fútbol como un elemento federador de toda una nación, no exenta de crisis económica y política. Ver que todos comprenden un gol, un penalti, un tiro de esquina. Si todo fuera así de comprensible en la vida. Sin embargo, entender la caótica realidad de un país dividido, fracturado, con secuelas sicosociales todavía insuperables y a flor de piel. Un fósforo disponible para encender la llama de soluciones violentas a cualquier problema. « Que se rinda tu madre » era un pilar de consigna.

Se acabó el Mundial de fútbol, mi escapé a la realidad dolorosa; pero quedé con deseos de seguir diciendo lo bello de la cultura nica, a pesar de todo. La alegría contagiante de los franceses al ganar el mundial me poseyó. Me hizo despertar del letargo y del pesimismo que me provocaba la situación de Nicaragüa. Ver a los franceses alrededor de pantallas gigantes que instalaban las alcaldías para ver juntos un partido, llorando juntos, riendo juntos. Gritar gol y abrazarse dando vueltas sin parar. La llegada de la selección nacional francesa fue increíble. Toda la capital paralizada. Los campos Eliseos llenos de gente, todos reunidos para decir de lejos « Merci » por ganar.

Ahora quiero conectarme con esa parte interior de mí que sabe ganar. Ganarle a la tristeza y seguir siendo fiel a mis principios federadores, no futbolísticos, pero sí, morales. Creo en Nicaragüa, creo en nuestra cultura. La cultura que necesita proyección y brillo. Fruto de mi inspiración en el Blog de Angeles. La cultura que nos caracteriza, que nos dice quiénes somos, que nos hace valorarnos a justo título como un pueblo único. Sigo y seguiré pensando que la cultura es la puerta de la libertad.

Viva Nicaragua libre !

https://noticias.canalrcn.com/internacional-america/nicaragua-simpatizantes-ortega-irrumpen-iglesia-y-agreden-obispos

Ver también:

Enlace sobre crisis en Nicaragua. BBC en español.

Acerca de Mariangeles Estrada

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2 respuestas a Necesitaba el mundial de fútbol 2018.

  1. Carol Solís dijo:

    Te entiendo perfectamente. Yo también me he refugiado en mi trabajo para desconectarme un poco de toda esta situación. Ojalá pronto cambien las cosas. De lo contrario no sé cuándo regresaré a mi tierra querida.

    • Claro que estamos en las mismas. En 2017 fui a dar mi vuelta y estaba estable, espero que todo se estabilise. Todo está todavía delicado. Veremos. / Un gran saludo, gracias por tu comentario.

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