EL MIRADOR DONDE NO SE MIRABA NADA

La señora de gorra es la vendedora de rosquillas de Rivas

La señora de gorra en medio de la foto es la vendedora de rosquillas de Rivas.

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Un rico piquito en pleno frío.

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Ganzos de un lado a otro.

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El vendedor de tajadas con queso.

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Uno de los atractivos turísticos inconturnable en Nicaragua es el Mirador de Catarina. Nunca me lo pierdo cuando viajo a Nicaragua. Solo que en esta ocasión no se miraba nada.

Desde que venía en la carretera estaba lloviendo a cantaros. Escampó un poquito de casualidad cuando llegué a “Mi viejo Ranchito”, donde de por cierto, comí riquísimo. Pero una vez dentro del restaurante continúo lloviendo. Fue agradable ver como se humedecia el jardín y el ambiente circundante. Poca luz, frescura, gotas de lluvia se resbalaban dinámicas sobre el vidrio de las ventanas.

Terminando el almuerzo dirección “El Mirador”. Desde que entramos al pueblo de Catarina todo estaba nublado. Ya en la entrada del mirador dudamos si entrabamos o no. Pura niebla. No se divisaba nada. Pensamos que se desvanacería.

Esperamos sentadas en una banca comiendo cajeta de coco. Vimos una pandilla de ganzos que se paseaban de un lado a otro. El vendedor de tajadas con ensalada y queso. Mi mama empezó la tertulia con chavalito de 9 años vendedor de pinol y pinolillo. Le compró dos bolsas. Y luego se me acercó la vendedora de rosquillas. Me agradó su abordaje suave y amistoso. Me contó que las rosquillas que vendía había ganado premio, no sé cuál. Que eran poco conocidas porque las más famosas son las rosquillas somoteñas, pero que va, las rivenses eran mejores. Me dio a probar dos rosquillitas de dos centímetro cada uno, me encantaron. Le compré un montón.

Observé como la gente, a pesar de la niebla, lleganban entusiasmados a tomarse fotos. Novios dándose picos, familias con niños correteando, amigas paseando, etc. Todo un paisaje humano que en otras ocasiones no hubiese determinado. Aprecié como se tomaban fotos como si la vista de siempre estaba ahí. Mientras que nosotros esperabamos que se despejara un poquito, sin saber a qué horas por supuesto, La gente seguía tirándose fotos sin parar. Llegaban, la tomaban y se iban. Ya está, pura niebla y qué.

La verdad, sentí como una cierta esperanza contagiante, de esas que la vida te regala cuando todo te sale mal. Que a pesar de qué no veo nada positivo, el paisaje bello y natural está ahí. Aunque las apariencias demuestren lo contrario, hay un paisaje detrás; y hay también un paisaje paralelo, humano que también nos da energía, alegría y confianza. Decidí entonces tomarme la foto e irme. Ya llevaba mucho tiempo y estaba alegre, para qué aguadiar el instante. Hice como todos los que llegaban. Posé, sonreí, y flash.

No tomé fotos para una exposición de National Geographique, pero si me trajé riquezas culturales y humanas, fuerzas vivas, que me arrastraron. De toda esa gente que llega ahí a compartir sensibilidad.

Con frío, sin luz, ni paisaje. Feliz.

Acerca de Mariangeles Estrada

Bloguera
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