Visitando el País Vasco francés

Este mes de julio anduve de visita por el país vasco francés, precisamente en Biarritz. Fui a parar ahí porque mi hija quería aprender y prácticar el surf. Ahora es la segunda vez que voy. Creo que he visitado más o menos la región. Ciudades además de Biarritz, Anglet, Bayona, Gethary, Bidar y Saint Jean de Luz. He probado sus comida y me he familiarizado con la arquitectura pintoresca de casas blancas con ventanas y puertas verdes, azules y rojas. También he asistido a ciertas actividades que coinciden con mi estadía: el 14 de julio o conciertos musicales.

Bayona no tiene playa pero su urbanidad es linda. Atraviesa la ciudad el río Adour que le da reflejo perfecto al cielo. Visité la Catedral Saint Marie, algunas partes estaban en renovación, en general tiene poca luz y mucha calma, aires de intimidad espiritual. Los alrededores son zonas peatonales con restaurantes, cafeterías y comercios en general.

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Bayona

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Río L’Adour

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Río L’Adour

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Río L’Adour

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Bayona

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Bayona

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Bayona

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Bayona

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Bayone

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Catedral Santa María

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Catedral Santa María

Me quedé permanentemente en Biarritz, en un mobile-home del Biarritz-camping a 700 metros de la Playa Milady. Durante ese tiempo me di gustó comiendo a la plancha, bagettes calientes recien hornadas, pastel basco y sangrías.

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Visité los puntos turísticos más importantes: El Gran Faro, La Roca de la Virgen, el Museo del mar y acuarioCité de l’ocean, etc.

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Aunque lo que más me gustó fue la diversidad de playas que visité una tras otra. Todas tienen algo único que las caracteriza. Y la próximidad entre ellas permite contemplar esas diferencias. Siendo una región entre mar y montaña, observé playas con rocas o escalones donde revientan las olas, el mar se siente presente, elocuente. Recorrí las playas entre Biarritz y Anglet; y entre Biarritz y Saint Jean de Luz. Todo un descubrimiento de líneas perfectas de la naturaleza.

Algo que me llamó la atención fue una caseta en la playa Les Corsaires, situada en Anglet. Ahí la biblioteca municipal se trasladó con revistas,periódicos, libros y literatura infantil en la plena playa. Instalaron sillas playeras y la gente prestaba los textos tranquilamente. Interesante la iniciativa, ese día que pasé estaban animando la tarde con cuenta-cuentos infantiles. En esta época tecnológica que hay wifi hasta en la playa, pues los libros no caían nada mal.

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Me dio mucho gustó captar en imágenes cada paisaje, y creo que logré dar rienda suelta a mi afición por la fotografía. Mi camarita trabajó duro siendo verano, siempre ha estado necesitada de mucha luz en cada enfoque.

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Disfruté plenamente del mar. De ese olor a iodo y sal. Todos esos días la bruma invisible que se propagaba con el viento, me dejaba pegajosa la epidermis, me alborotaba el pelo, a veces me mariaba. Pero ese estado de embriagues marina, me recordó que era parte del todo en esa inmensidad, que era parte de esa naturaleza exhuberante, y dormí tranquila -a pesar del caos exterior de sangre y terrorismo* – en un sueño profundo, calmo, que merecia vivir en ese lapso de tiempo mágico en Francia.

Acerca de Mariangeles Estrada

Bloguera
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