Fotos y poema del Volcán Momotombo

Nunca pensé que iba tener la oportunidad de ver al Volcán Momotombo en errupción. Tal vez no estoy viéndolo en vivo y a todo color, pero las fotos y videos de la web me dejan boquiabierta. Claro que me gustaría estar en Nicaragüa para poder presenciar ese espectáculo. Me acostumbé a verlo de largo, calmo y grande. Parte del paisaje natural de la ciudad de Managüa cuando ladeamos el lago Xolotlán, o cuando vamos por la carretera rumbo a León. Para mí la bravura del coloso había sido toda una legenda. Me lo imaginaba haciendo erupción y toda la gente corriendo desesperada gritando. La lava roja incandescente apoderándose de todo el espacio lentamente amenazante. Las típicas escenas de una película apocalíptica de esas que abundan en el archivo hollywoodiense.

Guarda en su historia la destrucción de la ciudad de León durante la erupción de 1610. Recuerdo que en un paseo del colegio visitamos la Ruinas de León Viejo, ubicadas en el Municipio de La Paz Centro, León. En el trayecto, no muy lejos de la faldas del volcán, había un ambiente oscuro, gris, medio tenebroso. Las cenizas volcánicas imponen su carácter, y las camisas blancas del uniforme se miraban casi fluorescentes. Me quedó esa sensación de que visité otro planeta, porque ese es el ambiente volcánico, totalmente extraterrestre, tiempo paralizado en otras eras.

En Francia, el volcanismo es parte de la clase de ciencias naturales en primaria y secundaria. Es toda una referencia de algo que posiblemente los alumnos no verán jamás, solo en videos y fotos que complementan el contenido del curso. En el Parque de la Mini Europa en Bruselas, Bélgica, había una plancha de cemento donde nos ponemos de pie para sentir los movimientos sísmicos del volcán Etna en Italia.

En estos momentos el Momotombo cesó su actividad efusiva, que mantuvo constante durante cuatro días. No podemos predecir con certitud cuándo volverá a despertar. Y esa imprevisibilidad de los fenómenos naturales le da un toque de misterio, que aterroriza y encanta. Por lo menos lo vi despertar de su letargo de 110 años y me dio mucho gusto.

Capture

Errupción del volcán Momotombo. 1297 metros de altitud. Nicaragüa 2015. / Hacer clic para ver la galería de fotos.

Momotombo de Rubén Darío

El tren iba rodando sobre sus rieles. Era
en los días de mi dorada primavera
y era en mi Nicaragua natal.
De pronto, entre las copas de los árboles, vi
un cono gigantesco, «calvo y desnudo», y
lleno de antiguo orgullo triunfal.
Ya había yo leído a Hugo y la leyenda
que Squire le enseñó. Como una vasta tienda
vi aquel coloso negro ante el sol,
maravilloso de majestad. Padre viejo
que se duplica en el armonioso espejo
de un agua perla, esmeralda, col.
Agua de un vario verde y de un gris tan cambiante,
que discernir no deja su ópalo y su diamante,
a la vasta llama tropical.
¡Momotombo se alzaba lírico y soberano,
yo tenía quince años: una estrella en la mano!
Y era en mi Nicaragua natal.
Ya estaba yo nutrido de Oviedo y de Gomara,
y mi alma florida soñaba historia rara,
fábula, cuento, romance, amor
de conquistas, victorias de caballeros bravos,
incas y sacerdotes, prisioneros y esclavos,
plumas y oro, audacia, esplendor.
Y llegué y vi en las nubes la prestigiosa testa
de aquel cono de siglos, de aquel volcán de gesta,
que era ante mí de revelación.
Señor de las alturas, emperador del agua,
a sus pies el divino lago de Managua,
con islas todas luz y canción.
¡Momotombo! -exclamé- ¡oh nombre de epopeya!
Con razón Hugo el grande en tu onomatopeya
ritmo escuchó que es de eternidad.
Dijérase que fueses para las sombras dique,
desde que oyera el blanco la lengua del cacique
en sus discursos de libertad.
Padre de fuego y piedra, yo te pedí ese día
tu secreto de llamas, tu arcano de armonía,
la iniciación que podías dar;
por ti pensé en lo inmenso de Osas y Peliones,
en que arriba hay titanes en las constelaciones
y abajo dentro la tierra y el mar.
¡Oh Momotombo ronco y sonoro! Te amo
porque a tu evocación vienen a mí otra vez,
obedeciendo a un íntimo reclamo
perfumes de mi infancia, brisas de mi niñez.
¡Los estandartes de la tarde y de la aurora!
Nunca los vi más bellos que alzados sobre ti,
toda zafir la cúpula sonora
sobre los triunfos de oro, de esmeralda y rubí.
Cuando las babilonias del Poniente
en purpúreas catástrofes hacia la inmensidad
rodaban tras la augusta soberbia de tu frente,
eras tú como el símbolo de la Serenidad.
En tu incesante homalla vi la perpetua guerra,
en tu roca unidades que nunca acabarán.
Sentí en tus terremotos la brama de la tierra
y la inmortalidad de Pan.
¡Con un alma volcánica entré en la dura vida,
Aquilón y huracán sufrió mi corazón
y de mi mente mueven la cimera encendida
huracán y Aquilón!
Tu voz escuchó un día Cristóforo Colombo;
Hugo cantó tu gesta legendaria. Los dos
fueron, como tú, enormes, Momotombo,
montañas habitadas por el fuego de Dios.
¡Hacia el misterio caen poetas y montañas;
y romperase el cielo de cristal
cuando luchen sonando de Pan las siete cañas
y la trompeta del Juicio final!

 

Sobre el tema: El despertar del Momotombo / Descubrimiento de las Ruinas de León Viejo / Turismo volcánico

Acerca de Mariangeles Estrada

Bloguera
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