Bocados de mi tierra

Por Mariangeles Estrada

Nada más agradable que recibir regalitos de mi tierra. La semana pasada mi papá me mandó un paquete de Nicaragua. Al interior habían dos camisetas y para comer una bolsa de rosquillas somoteñas y una bolsita de café presto. Aunque ya no tomo tanto café, no podía resistir a unas cuantas tacitas con sabor al terruño.

Me lo tomé plácidamente sin hablar ni comentar. Quería concentrarme en detalles, como la escasa espuma que se pega a la orilla de la taza, el aroma de las moléculas volátiles que me cambian el humor, el sabor a temperatura elevada. Me embrujó la mezcla rosquillas y café.  Mojar la mitad de las rosquillas en la taza de café para que ablanden un poco, luego morder y masticar suavemente, sin precipitaciones, con grandes emociones.

Gracias padre por acordarte de tu hija pródiga. Espero poder volver a Managua, la última vez que estuve por allá fue en 2013. Ya me hace falta abrazar mi calor, mi gente, mi lluvia, mis ruidos, mi marimba, mi sol.

Acerca de Mariangeles Estrada

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